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El Festival Nacional de Doma y Folklore ingresa a la recta final de un año difícil.

La taquilla del primer festival en pandemia podría estar en el orden de la más baja de los últimos 30 años, en 1992. Expectativa por el cierre.

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Apertura Festival

Jesús María. El 56º Festival Nacional de Doma y Folklore transitará su tramo final este fin de semana, con una programación dominada por pesos pesados de la música folklórica nacional: El Chaqueño Palavecino este viernes, Soledad el sábado y Luciano Pereyra el domingo.

El primer festival en pandemia ha dejado postales preocupantes y nuevos desafíos. No estamos acostumbrados a ver las tribunas vacías, ni las calles sin visitantes, ni a estar con la calculadora en la mano para saber si se cubren los gastos de montaje de la fiesta o de instalar un negocio para hacer “un extra”.

Sin temor a equivocarnos, podemos decir que el Festival empezó el lunes, con la presencia de Los Tekis, y la inercia se mantuvo en la noche chayera de Sergio Galleguillo y en la del romántico Abel Pintos. 

También se puede afirmar que arrancó entonces porque fueron las propuestas más juveniles de la grilla.

Si la mayoría de los atacados por las variantes Delta y Omicron tiene entre 18 y 42 años, es ese público el que menos reparos tiene en ir al Festival. Y se veía en las tomas que hacía la televisión en las tribunas .

El resto de los días, con ofertas más tradicionalistas, el temor al COVID hizo que muchas personas evitaran un espectáculo tan masivo, más allá de las medidas preventivas que tomó la Comisión Directiva, que hizo todo lo que debía hacer.

Palito Ortega, Los Nocheros, Jorge Rojas, cantaron ante la mitad –o menos- del público esperado.

Otro tema que no se puede obviar es la influencia en la taquilla de las bandas de cuartetos que cierran cada noche: las primeras con anfiteatro lleno actuaron dos de las más convocantes de Córdoba.

La Comisión Directiva del Festival informó que el viernes 6 de enero hubo 2.119 entradas vendidas. No obstante, la cantidad de público que ingresó al anfiteatro fue mucho más, ya que se entregaron entradas de cortesía a miembros de las cooperadoras, personal de las escuelas y colaboradores, al igual que el personal de salud.

En la segunda noche se cortaron 7.077 boletos; en la tercera, 6.510; en la cuarta, 5.560; en la quinta 12.650; en la sexta, 10.106; en la séptima, 9.337. Un total de 51.240. Estos son números preliminares.

Desde la edición 24, en 1989, la taquilla no paró de crecer hasta superar las 200 mil entradas vendidas en 2020.

La primera luz de alarma se encendió en el vecindario: un gran número de casas que habían sido alquiladas por turistas quedaron vacías porque quienes iban a venir estaban enfermos, eran contactos estrechos o, simplemente, no querían arriesgarse. Hay quienes sostienen que una de cada cuatro personas que ofrecieron sus viviendas como hospedaje alternativo recibió un aviso de cancelación en lugar de un turista.

Algo similar pasó con los hoteles. Este año había dos menos con respecto a 2020. Entonces, era imposible encontrar una habitación. Ahora, según la Agencia Córdoba Turismo, la ocupación fue del 79 por ciento.

La segunda fue la decisión de Los Manseros Santiagueños de no actuar el viernes por la situación sanitaria. Fue un mal augurio y generó una incertidumbre justificada: ¿cuántos más se bajarán de la grilla?

Hasta Daniel Fazi estuvo en su casa con COVID y se perdió las primeras noches de color y coraje. 

También jugó su papel la economía. Si bien los precios están ajustados a la realidad y no son altos en relación a lo que se ofrece, una familia de cuatro personas necesita 10 mil pesos para pagar la entrada, comer un choripán y tomar una gaseosa. 

Este Festival conoce de éxitos, pero también de dificultades: la aplicación de IVA a la entrada en la década de los ‘90, las crisis por el brote de cólera y la tragedia de Cromagnon, la hiperinflación de 2001, el pedido de exclusividad que les hizo Palito Ortega a los artistas que actuaban en Cosquín cuando su empresa organizó el festival. Pero una sola vez no dio superávit suficiente para distribuir fondos entre las escuelas: fue en 1992, cuando ocurrió la tragedia de San Carlos Minas y la Corriente del Niño obligó a suspender la mitad de las noches por lluvia. Ese año se vendieron 91.023 entradas. Todo indica que este año será algo parecido.

14-01-2022

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