Daguerrotipos.

Historias 09 de mayo de 2020
NOTA IV. Fragmentos del libro homónimo, editado en septiembre de 2005 por la Municipalidad de Jesús María y el Ministerio de Gobierno, Coordinación y Políticas Regionales, incluido en el programa "Edición de Historias Populares Cordobesas". Un aporte para conocer más de nuestro pasado y entender el presente.
Plano original de Jesús María

“El daguerrotipo fue el primer proceso de fotografía práctica, inventado por el francés Louis Daguerre en 1839. Se trataba de una imagen positiva única (sin negativo), registrada sobre una placa de cobre pulida y plateada, que se emulsionaba con vapores de iodo y se revelaba con mercurio. El daguerrotipo tenía los laterales invertidos, como si nos miráramos en un espejo”.

... El día quince se oyó el silbato del tren...

Por las vías tendidas por el Conde Telfener llegaron en 1878 los inmigrantes de Venezia Giulia que darían origen a Colonia Caroya.

Se instalaron en la casona que estaba al Norte de la ciudad, que perteneciera a Bartolomé Jaimes, a los Jesuitas, a Ignacio Duarte y Quirós, al Colegio Nacional de Monserrat y al Estado Nacional, en sucesivas etapas. 

Es muy descriptivo y pintoresco el relato que hace de ese momento el sacerdote Ambrosio Ramos, Cura de Anejos Norte y Vicario.

El le envió una carta a un diario cordobés en la que le cuenta su vivencia: "Por fin el día quince (de marzo) se oyó el silbato del tren especial que conducía a esta nueva familia, el cual paró frente a este establecimiento (la casa del Colegio de Monserrat), para mejor proporcionar el desembarco de sus pasajeros. Yo desde lo alto de las galerías que dominan este establecimiento, contemplaba taciturno todos sus actos y mo-vimientos. Ví a lo lejos, desde la puerta de mi habitación, el desembarco y la multitud que se agrupaba, atraída por la curiosidad y el deseo de conocer los nuevos moradores de este suelo".

Más adelante, Ramos añade: "Los vi desfilar en trajes de labrador y con algunos instrumentos de agricultores en la mano. Al pasar al interior de este establecimiento, y en momentos que pasaban por mis inmediaciones, no dejé de columbrar algunas acciones que me hicieron volver la esperanza de que pertenecían al gremio de nuestra sacrosanta religión".

La preocupación pastoral del Padre Ramos era razonable: muchos inmigrantes habían dado numerosas muestras de irreligiosidad. Sin embargo, más adelante cuenta en su carta que al atardecer de ese día, y las jornadas siguientes, hicieron oraciones y celebraron la Misa.

El destino asignado por el Gobierno para estos friulanos era la Colonia San Martín, que después de su llegada se confirmó que se instalaría en los terrenos de Caroya, un monte inhóspito que estaba al Sur y el Este de Jesús María.

La Colonia San Martín se transformó en Colonia Caroya, y siguió bajo la jurisdicción de Jesús María hasta 1887.

En 1911, por desencuentros entre los caroyenses, Colonia Caroya volvió a depender de la Municipalidad de Jesús María. Fue en ese lapso cuando el intendente Gabriel Céspedes plantó los plátanos que hoy soy un emblema de la vecina ciudad.

En 1918, las poblaciones se dividieron definitivamente y se trazaron los límites, prácticamente iguales a los actuales.

Los plátanos, entonces, son un símbolo de la historia afín, que une más que limita, a dos poblaciones tan particulares y ricas humanamente.

La Villa de las cuatro plazas.

Entonces... era un pueblo nacido a orillas del río de dulce vocablo aborígen: "Guanusacate".

Entonces... era un pueblo que había sentido la fuerza del saber de los jesuitas.

Era un pueblo descubriéndose. Capaz de crecer a la vera de la estación de trenes merced a un hombre que avisoró el futuro.

Ya no es entonces. Es hoy. El río sigue rodando aguas, los jesuitas perviven en la memoria custodiada por los muros de la Estancia Jesús María.

El pueblo es ciudad. Latente, vital, esparcida en barrios. Luminosa, tradicionalista, histórica. Albergadora.

Con su mundo de recuerdos, con su correr de memorias.

Caben en su abrazo los llegados de otros lares que la anidaron. Circundan su pasado historias plenas que se encuentran o desencuentran.

Erguida, serpentea junto al Camino Real.

Añora el trepidar de los trenes que cruzaban el país por los rieles, tendidos como un cordón umbilical. Uniendo Norte y Sur, tabaco y lino, puerto y cerro.

Y a la vera de la estación de trenes, las pequeñas historias entretejidas. La especial mirada de los niños creciendo entre la serenidad de una plaza con retreta, el ronroneo mecánico de las máquinas o la aventura de los barrios que se sentían tan distantes.

Jesús María, la ensimismada en los recuerdos o la de la sorpresa del crecimiento.

Asoma aquí, en estas historias populares nacidas de la voz de sus mayores. Para dar una semblanza y contar las verdades de sus memorias tan necesarias para crecer en la propia identidad.

Desgranan sus recuerdos con la misma luz de entonces en las miradas. Las plazas... La Villa de las Cuatro Plazas... la de las Carretas, la de los Eucaliptos, la de los Loros y la Plaza San Martín.

"Jesús María tenía mucha arboleda, mucha vegetación, muchos plátanos". Y al decirlo, Don Dante "Chicho" Artico parece intentar un daguerrotipo de Jesús María a comienzos de la década de 1920.

Primero habla de la Plaza de las Carretas, que estaba donde ahora se levantan el Templo Parroquial y la Asociación Atlética Huracán y "le llamaban plaza, pero en realidad era una manzana libre: no había nada".

En el siglo XIX, en ese lugar paraban las carretas que venían del Norte del país. En el centro estaba la pulpería, que era "una habitación de cinco por cinco, con techo a cuatro aguas, de tejas y galería todo alrededor, cubierta. Y tenía cuatro ventanas. Se despachaba por las ventanas".

Hasta hace algunos años había restos de esa edificación, que pasó tan desapercibida como su demolición.

Las carretas tenían una rueda alta que, con frecuencia, llegaban a dos  metros y eran tiradas por dos yuntas de bueyes. Las manejaba un hombre, "no sé cómo se llama el que va en el pescante. Me acuerdo que venía con unos cueros de oveja de asiento, y apuraba con la picana a este buey... el otro. Y hacían la noche en la Plaza de las Carretas, lo que quiere decir que esa pulpería formaba parte de Jesús María".

Los pájaros que por las noches llenaban con su alboroto los árboles de nuestra Plaza Pío León le dieron el nombre popular de Plaza de los Loros. El lugar conserva la magia que los entrevistados recuerdan, aunque extrañan parte de la arboleda y la hermosa pérgola que dominaba su centro, flanqueada por dos leones que muchos años después fueron mudados a la esquina de Tucumán y Pío León. Hoy los leones presiden la fuente de agua del centro de la plaza. 

Las otras dos plazas estaban al Este y al Oeste de la Estación del Ferrocarril. Una de ellas flanqueaba los galpones de depósito y las vías secundarias. La otra, al andén y la zona de servicios del edificio de estilo inglés.

La Plaza de los Eucaliptus, aunque le llamaran así,  tampoco era una plaza. "Era una plantación de eucaliptus, de dos medias manzanas. No sé por qué se hizo", comenta Don Chicho.

En la actualidad, en esas dos medias manzanas están los edificios de Telecom y el Correo Argentino y la Estación Terminal de Ómnibus. Pero la añoranza de todos los vuelve en forma permanente a ese espacio arbolado de desaparición inexplicable.

En el centro de ambas manzanas, a la altura de la calle Sarmiento, había una gran balanza en la que pesaban la leña que se vendía a los vecinos y todos los productos que salían a través del tren desde Colonia Caroya y la zona.

Entre ella y las vías, había corrales para el ganado que se transportaba desde y hacia la región. Todo configura en el recuerdo un movimiento constante, un quehacer incansable.

De este "verdadero bosquecillo con su permanente perfume", "juntábamos ramas y nuestras madres vaporizaban el aire de las casas en invierno", "para combatir las gripes, los resfriados con hermoso aroma a hogar" al decir de Elena y de Paula. Los memoriosos Dante, Elvio y Andrés no ceden en su asombro masculino: "Se llevaron toda la madera..." "nunca se supo nada..." "tantos árboles talados".

En el extremo Sur de la ausente Plaza de los Eucaliptus se encontraba la Escuela Graduada. De Varones a la mañana y de Niñas por la tarde. Esas aulas hacen hoy el frente de los centros educativos Gral. Francisco Antonio Ortiz de Ocampo y Dr. Francisco Narciso de Laprida.

Y en la única esquina edificada de las calles Belgrano y Almafuerte estaba el edificio del Correo.

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