Alejandro quiere conocer su verdadera identidad.

Sociedad 07 de febrero de 2020
Silvina, la madre de sus hijos, lleva 33 años buscando a los padres biológicos, que serían de Jesús María. El hombre nació en 1970 en una casa donde se hacían abortos clandestinos, en Córdoba. Lo crió la “partera”, pero se llevó el secreto a la tumba.
Alejandro Armano

Colonia Caroya. Esta es la historia de una mujer que prometió no descansar hasta descubrir la verdadera identidad de su ex esposo y padre de sus tres hijos.

Silvina Sayavedra, una cordobesa de Bº Los Plátanos, se puso de novia con Alejandro Julio Armano el 11 de abril de 1987.

Mantuvieron una relación de décadas. Se casaron, tuvieron hijos y, aunque hoy no convivan, ella continúa la búsqueda que inició cuan- do supo que él era adoptado y que sus padres biológicos eran de Jesús María o Colonia Caroya.

 

El bebé sobrevivió.

Después de mucha investigación, Silvina descubrió que Alejandro nació el 17 de enero de 1970 en una casa de calle Concejal Peñaloza  364, de Bº Alto Alberdi, donde vivía María Laura Dabín, una obstetra que hacía abortos y estuvo presa por ese delito.

Ese día de enero llegó a su vivienda una mujer “rubia, petisita, muy bonita”, decidida a abortar. La “partera” le dijo que era imposible por el avance de su embarazo -casi siete meses-, pero la parturienta le advirtió: “Voy a dar a luz, pero al bebé no me lo llevo”.

El parto fue en la misma camilla donde se hacían “los otros trabajos”. El recién nacido pesó 2,2 kilos y pasó a ser el nuevo integrante de la familia de María Laura.

La mamá biológica se fue al día siguiente. La buscó un hombre “alto, rubio, muy bien parecido, que manejaba un Torino color rojo”. Era el mismo que la había acompañado a la casa el día anterior.  

Laura anotó al bebé como su hijo: es insólito que el acta de nacimiento dice que ella fue mamá y enfermera en el mismo parto. Le puso de nombre Alejandro Dabín hasta que, a los nueve meses, la pareja de la “partera” le dio el apellido Armano.

La familia desapareció de Córdoba por 17 años y crió al varón en Río Cuarto. En 1987 regresaron a la capital provincial.

Alejandro Armano niño

 

Búsqueda implacable.

Silvina conoció a Alejandro y entabló con él una relación poco normal: empezó a preguntar sobre la identidad de la persona que había elegido como esposo.

Con los años, María Laura fue dándole pistas, pero nunca le dijo quiénes eran los padres biológicos.

El único dato contundente que dio fue que la mamá era de Jesús María y que el padre, de Colonia Caroya.

Allí se direccionó la búsqueda, sin que Alejandro supiera nada. El sospechaba que le estaban ocultando algo.

Silvina llegó a presentarse a la Comisaría de Jesús María para advertirle a la Policía que estarían yendo “casa por casa” buscando a los padres biológicos de su marido. El comisario la autorizó y hasta le dio indicios de quién tenía un Torino rojo en los años de la década de 1970.

“Cuando Alejandro cumple 28 años y nace nuestro segundo hijo le cuento todo; el entró en crisis, tristeza, pena, angustia, llanto, pero lo hice porque tengo la responsabilidad de seguir esta búsqueda hasta el final”, contó a este diario.

 

¿Encontró a su padre?

Después de muchos llamados telefónicos y viajes a nuestra zona, un día, con una pista en mano, Silvina y Alejando fueron a la calle Vicente Agüero y visitaron a una mujer adulta. Conocía algo, supuestamente.

Apenas vio el rostro del hombre, le dijo: “- No busques más. Vos sos Cadamuro”.

“Quedamos perplejos; yo algo sabía, pero él no; necesitábamos saber más; nos manejábamos en remis y todos lo miraban como si fuese conocido de la ciudad; algunos datos coincidían, como los aspectos físicos”, narró Silvina.

La historia parecía encaminada: “Llegamos a una familia. El padre biológico, supuestamente, podría haber sido un hombre ya fallecido. Su hija escuchó la historia y recibió a Alejandro, pero pronto le cerraron todas las puertas. Alejandro tuvo un ataque de estrés muy grande y estuvo ocho días en coma”.

Las pistas que conducen al padre son muchas más que las encontradas en relación a la madre, de quien se conoce muy poco.

Hoy, 33 años después, Silvina sigue buscando, pero nadie quiere decir la verdad: le cortan el teléfono, niegan los datos o le piden que deje de investigar algo que ocurrió hace 50 años.

“Yo me prometí devolverle la identidad a Alejandro; tenemos tres hijos: Franco, Tomas y Juan Ignacio; y todos queremos saber quién es él”, concluyó Silvina.

 

351 6980615 es el teléfono Silvina.

 

07-02-2020