
El “Chucha”: de pibe de campo a popular cafetero de la ciudad.
Jesús María. La historia de Eduardo René “Chucha” Monte, popular cafetero jesusmariense que ya lleva unos 40 años en el oficio, conmueve por lo sencilla y compinche, porque nos pinta esa postal con la que tantas familias se pueden identificar.
Nació hace 61 años, el 4 de enero de 1960, en San Francisco del Chañar, en el Norte cordobés, lugar al que comienza llamando “ciudad”, con cariño y picardía. “Amo mi pueblo, nací ahí”, dice, aunque a esta altura de su vida confiesa sentirse jesusmariense.
Llegó a Jesús María a sus 9 años, junto a su papá, Benjamín Monte; su mamá, Yolanda Chávez; su hermana mayor, Mariana; y su hermano “del medio”, Omar, ya que su padre había tenido una oferta laboral en la casa de remates y feria de Raúl J. Romanutti.
Pero sus años de infancia están grabados de manera tal que cuando habla de aquellos tiempos, es imposible no advertir su emoción. “Vivíamos a un kilómetro del centro, en el campo; andábamos a caballo, juntábamos piquillín, jugábamos al fútbol”, cuenta. Y destaca cuando su imaginación transformaba latitas de sardinas en camiones y huesos de vacas en ganado.
Al llegar a Jesús María debió dejar atrás aquella infancia y emprender un nuevo desafío: la escuela. “Vinimos a la Escuela Ortíz de Ocampo, turno mañana; el primer tiempo fue difícil porque no conocíamos a nadie, hasta que nos fuimos adaptando y nos fuimos haciendo amigos”, recuerda.
Luego llegó la Secundaria en el Colegio Sarmiento, el fútbol en La Costanera, el básquet en Falucho y los amigos de toda la vida con los que se reúne a comer asado, desde la “Promo ‘77”.
“Íbamos a La Costanera a jugar al fútbol y nos decían ‘Los cuatreros’ porque veníamos del campo; a mi hermano todavía muchos le dicen así; a mí se me ‘pegó’ el apodo ‘Chucha’ -acuñado por su hermano y aún de origen desconocido para él-. Pero ‘Los cuatreros’ fue el apodo inicial, que para nada le gustaba a mi hermana”, dice y se ríe.
El amor y el café.
Los años de secundaria pasaron, llegaron los bailes y... Ana, su gran amor, a la cual destaca como su compañera hace 35 años, con quien se transformó en padre de Analuz y Franco, “que son excelentes y no porque sean mis hijos”, aunque asegura que no legaron el don del café, razón por la cual dice esperar a tener nietos. Y vuelve a reír.
Allá por los 22 años, cuando novio de Ana, su suegro, Héctor González, le pidió que ayude a llevar adelante el bar que tenía en Estación Caroya debido a una afección en el corazón. Así fue como “Chucha” dejó las latitas de sardinas y empezó a descubrir el amor por el café.
“Empezó cuando fui a abrir el bar en la Ruta -donde era la YPF de Parisia- en Estación Caroya; fui con mi cuñado, Héctor, quien me enseñó; te podés imaginar los destrozos que hacía, pero aprendí y me quedé ahí, sin saber nada: del campo al bar”, recuerda.
Los años pasaron y Eduardo quedó a cargo, al punto que luego trasladó el bar/cafetería al frente de la Capilla de Estación Caroya, donde estuvo 15 años, hasta que se trasladó al “Bar del a Rural”, en las oficinas de Tucumán 255, de Jesús María, donde lleva otros 15 años de atención.
“Seguramente, llegará el momento de no vender más café, pero venir no me cuesta, voy a atender con gusto, siempre hago una broma -con respeto -. Esto es muy lindo. ¡Me encanta lo que hago!”.
23-10-2021





