Cine en el Mercado de las Cabras.

Ocio 08 de febrero de 2021 Por Rosario Pilar Roig
“Nadie quiere inventar acá la pólvora, sólo se trata de reactivar la chispa de esa magia en el patio de un bar. Ponernos delante un espejo para vernos mejor. Encima con buena cerveza”.

Jesús María. En septiembre de 2020, el crítico de cine y programador Roger Koza supo reunir de manera online a un puñado de cinéfilos desparramados por todo el mundo con la excusa de dar un curso de cuatro clases, titulado “La cinefilia como forma de vida”. 

El evento llegó con sorpresas: las clases fueron cinco, el caudal de películas y bibliografía fue catastróficamente abundante y el resultado fueron unas ganas terribles de salir a militar cine con pandemia y todo. Porque en ese momento la apertura de las salas no se estimaba ni de onda y, como en todo contexto de encierro, las almas lo repudian. 

De cualquier forma, sonó por todos lados la campana de que 2020 fue un año donde nada nuevo comenzó, más bien se profundizaron y agravaron cuestiones y procesos ya evidentes, ya palpables: el malestar ambiental, el avejentamiento de un sistema educativo que con el siglo XIX en sus entrañas todavía pretende educar como se hacía en el siglo XX a sujetos del XXI, la progresiva desatención a los sistemas de salud -y la falta de garantías a su libre acceso-, el vaciamiento de las salas de cine como espacio de encuentro e intercambio cultural y colectivo. 

En este sentido, coincidimos en que la pandemia no trajo nada realmente nuevo y un signo de ello es que, a la hora de los bifes, Argentina aún no cuenta con una Filmoteca Nacional que conserve nuestro patrimonio audiovisual. En fin.

La cuestión es que, en los contextos de crisis masiva, la recuperación de la memoria colectiva es una tarea fundamental y el cine es eso: memoria. 

En las palabras de Koza hay una forma de vincularse con el cine que tiene que ver con la indagación del mundo y, por contrapartida, inevitablemente vinculada a la indagación de nosotros mismos y, sobre todo, a la interface entre mundo y sujeto. Esa interfase es la pantalla del cine, donde es posible el encuentro entre lxs otrxs y unx. No es el otro a quien vamos a descubrir, así como no es a nosotrxs mismxs. Es una mezcla; una experiencia menos concreta que un encuentro con la otredad, pero unx se deja trabajar por la película. Allí, lo que puede suceder en esa ida y vuelta con lxs otrxs en pantalla, sala, en la discusión posterior... 

Es un sí-mismo que se altera. 

Dicen que no es casualidad que el nacimiento del cine haya sido análogo al del psicoanálisis. 

Visto el encuentro en el cine de esta manera, ello supone una potencia demasiado valiosa para hacer sentido en un contexto donde el sentido se nos hace agua porque la incertidumbre continúa.

 

A las cosas. 

Para no ponernos tan bajón vayamos a la parte divertida: con los pibes del Mercado de las Cabras pensamos que la cuestión cinematográfica tiene mucho de amor y es ese amor al cine, como forma de vida felizmente endiablada y transformista, lo que nos puso a laburar para conseguir un proyector, una pantalla y programar películas para después debatirlas.

Citando una vez más al crítico, ante la fragmentación y la rapidez la cuestión no es ir en contra de nuestro tiempo, sino pensar en contra de él. 

Y como dice Emilia, la estamos pasando joya: “Se disfruta mucho del cine en el Mercado. Además de que en esta época pandémica se encargó de acercar la experiencia del cine de una manera segura y distinta, los ciclos que se presentan te invitan a hacer un análisis más amplio y crítico de las películas que los conforman, ya sea con los debates que se generan o con otros elementos que se brindan para complementar. Es una muy linda propuesta, organizada desde el amor por el cine, en un lugar distinto, y la suma de todo eso termina siendo un muy buen plan para cortar la semana con amigxs.” 

Pedro también opina que “lo más copado es el momento después de la peli, cuando se arma debate y se tiran muchas más perspectivas. Es como terminar de ver la película y seguir encontrándole cosas e interpretaciones”.

 

Lo hecho y lo que viene.

Para quienes no se enteraron todavía, arrancamos en diciembre con el primer ciclo de “Monstruos” y corriendo en enero fue un recorrido por el cine hollywoodense, con una mini revisión de su periodo clásico, Nuevo Hollywood y periodo posmoderno. 

Queremos acercarle buenas películas a la ciudad, por lo que vamos a estar proyectando también documentales y film-ensayos, de ficción y un ciclo animado para el disfrute de nuestras infancias, mientras conocemos un puñado de autores de Europa, Latinoamérica, Oriente y más. 

Las películas son programadas y presentadas por quien redactó este texto, y como saben, el Mercado de las Cabras dispone de un patio enorme y con todas las medidas de seguridad para que se acerquen a ver las pelis, leer y compartir reflexiones con personas del cine que nos vienen acompañando desde Córdoba y Buenos Aires con palabras que se sienten cerca, porque como ya dejamos en claro: una pandemia no es excusa.

 Al contrario: “Como cualquiera, caí al bar buscando un espacio de distención, pero el cine se convirtió en espacio de expresión. Tal vez mirar una película de tiempos lejanos, de colores que nos resultan extraños, de temas que no parecen relevantes sea la mejor forma de encontrar aquello que no estábamos buscando. No solamente disfrutamos buen cine y no sólo nos emocionamos o lloramos con cada film. Lo más importante del ciclo tomó forma después de ver el ciclo: aprendimos, todxs lxs que nos sentamos un rato en el bar, a mirar cada película encajada en su tiempo. Papas fritas y de aderezo nos llegó, sin esperarlo -al menos yo no lo esperaba- cierta noción de la técnica, un poco de historia, otro poco de fotografía. Puedo quedarme, como espectadora -vos también podrías, si venís- sólo con los personajes, sus historias, sus locuras. O podrías dejarte llevar por la propuesta, que demanda, pero recompensa, porque el buen cine siempre nos regala más: nos llevamos una herramienta para leer el presente, imaginar el futuro. Eso es el cine (¡nada nuevo!) pero nadie quiere inventar acá la pólvora, sólo se trata de reactivar la chispa de esa magia en el patio de un bar. Ponernos delante un espejo para vernos mejor. Encima con buena cerveza. No es poco”. Agustina.

 

Datos claves.

Todos los miércoles, a las 21, en Córdoba 156, Jesús María. 

Próximamente, el ciclo “El amor, alto bardo”, los miércoles de febrero.

08-02-2021

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