Adiós, “tío” Ricardo.

Sociedad 18 de noviembre de 2020
Por: Rubén Curto.
Ricardo García

¿Para ser médico en Jesús María hay que tener apellido García? Fabián García, Oscar García, Ricardo García, Ricardo Zoldano García… ¿Me olvido de alguno? Posiblemente. Pero es una constante, al menos en mi vida, que cada vez que me cruzo con un médico, me topo también, invariablemente, con ese apellido. Como si “García” y “médico” fueran palabras equivalentes, casi socias, inseparables.

Y creo que en parte eso era esencialmente así al menos en el caso de Ricardo García, profesional emblemático de la ciudad, lamentablemente víctima del COVID-19 días atrás. ¡Justo él, referente de la Medicina en la ciudad!.

No sé exactamente cuándo se radicó en la ciudad, pero si lo asocio con mis visitas de niño a su consultorio, deduzco que fue al menos cinco décadas atrás. Nunca perdió esa tonada tucumana, que tanto me llamaba la atención, pero era un jesusmariense más.

Generaciones de niños, jóvenes y adultos pasaron por su consultorio y el de su entrañable amigo y también Médico Pediatra, Félix “Coco” Flores, en el viejo Centro Médico de calles España y General Cabrera, que hoy ve crecer el esqueleto de un moderno edificio.

Para mí, el acto de ir a ver un médico era ir a visitar al “tío” Ricardo. ¿Qué te anda pasando, sobrino?, me decía, sin saber yo muy bien que esa frase (sin ningún parentesco real de por medio) era su forma de trasladarme a mí el afecto mutuo que tenía con mis padres, con quienes compartía actividades en grupos cristianos.

En Ricardo ví, y viví en carne propia, lo que era ser “médico de familia”. La referencia obligada para cualquier patología, de cualquier miembro de casa, y hasta por cuestiones que excedían lo estrictamente médico. Era casi un confidente.

Recuerdo el malhumor que me causaba la espera de tantas horas en su consultorio para lograr un turno. Pero con el tiempo lo entendí y acepté, después de ver el desfile incesante de adultos mayores que lo adoraban. Todos querían que los atendiera él. No otro médico.

Digamos todo: Ricardo fue tan polifacético y polémico como cualquiera de nosotros. Lejos del consultorio (pero siempre asociado a la cuestión sanitaria) fue un hombre con poder. Y mucho poder. Desde la conducción de ACLINOR (Asociación de Clínicas del Norte de Córdoba) fue durante décadas amo y señor de los convenios entre las entidades médicas y las obras sociales. 

En buena medida, de él dependía quiénes y cómo trabajaban en Salud en la ciudad. Y así como su desempeño profesional en el consultorio le granjeó la simpatía y la adoración de cientos y cientos de pacientes, también cosechó muchos críticos y rivales por su labor en ACLINOR.

Pero antes, durante y después de eso, Ricardo fue sobre todo un médico con mayúsculas. Como quedó dicho: un médico de consultorio, de familia, de quedarse hasta última hora para no dejar a nadie sin atención. De eso puedo dar fe. Lo viví. Nadie me lo contó.

Como también viví –y agradezco por siempre- el enorme gesto que tuvo para conmigo una fría noche de invierno, allá por 1990, al asistirme en mi domicilio particular, a las 4 de la madrugada, en una situación de emergencia. 

Yo tenía 22 años, venía de estar tres días internado en Terapia Intensiva por un neumotórax (afección pulmonar) que casi me cuesta la vida y surgieron complicaciones que él solucionó. No tenía ninguna obligación de estar ahí. Pero fue. Y estuvo a mi lado hasta que me curé. No son gestos frecuentes, menos aún en estos tiempos de atención médica despersonalizada y a escala.

Seguramente ese episodio personal teñirá de parcialidad esta despedida. Y sí… es inevitable. Siempre tuve una deuda de gratitud para con Ricardo, y su partida es un buen momento para saldarla.

Hacía mucho tiempo que no lo veía, pero imagino que estaría feliz y orgulloso de que su sobrino Ricardo Zoldano García haya seguido sus pasos profesionales, desde la dirección del Hospital Regional Vicente Agüero.

Ricardo García, otra vida que se cobró el COVID-19. Con aciertos y errores, dejó una huella imborrable en muchos jesusmarienses.

Hasta siempre, doc. O mejor…  adiós, “tío Ricardo”. Que descanses en paz.

18-11-2020

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