Mario Medrano: el “clarín” del Festival.

Historias 23 de octubre de 2020
LECTORES. A los que hemos compartido con él tantos años de trabajo y amistad sólo nos queda el honor de decir, y contar a quienes quieran escuchar, que nosotros hemos conocido a uno “de los mejores trompetistas de la República Argentina”.
Mario Medrano
Fotografías gentileza del Museo del Festival Nacional de Doma y Folklore

Colonia Caroya. Cotidianamente, se escucha decir: “Los reconocimientos y homenajes hay que hacerlos en vida, después ya es tarde”.

Conforme a esa premisa, si Uds. Me permiten, quisiera rescatar de la oscuridad y el anonimato a uno de los mejores trompetistas que escuché en mi vida.

Mi posición es avalada por años de transitar por el pentagrama de la vida. Le digo más: en mi largo peregrinar he escuchado a verdaderos monstruos de la trompeta, tales como Dizzy Gillespie, Louis Armstrong, Harry James, el Tucumano Ercolani, Rafael Méndez (de México), los hermanos De Biassi (de Corrientes), pero nadie se podrá enojar si yo me inclino ante mi camarada y amigo, el Subof. My. (músico) Don Mario Armando Medrano.

Este entrerriano, nacido en Victoria, desde muy chico descubrió su pasión por la música y, en especial, “la trompeta”. A los nueve años ingresó a la Escuela Hogar de Arte y Oficio dependiente de la Municipalidad de Victoria. Tuvo un breve período estudiando el “recorno” (un instrumento de acompañamiento) para luego pasar en forma definitiva a su gran amor. De allí en más, entre ambos se produce una simbiosis, una empatía que duraría hasta el presente.

Ustedes se preguntarán: Si era tan bueno, ¿por qué no trascendió públicamente? Personalmente, intuyo que pecó de excesiva humildad: también creo que le faltó nacer en el lugar y el momento justo, preciso.

A ello tenemos que agregarle que cuando Mario comenzó a transitar en el ambiente de la música, el jazz empezaba a declinar y extinguirse, salvo contados trompetistas consagrados, con buenos representantes y sponsors, que lograron sobrevivir.

Con respecto a su personalidad, lo recuerdo como un muchacho sencillo, de bajo perfil y lejos de creerse un Harry James. A todo elogio siempre respondía con limitada mesura. Así mismo, creo que priorizó la vida tranquila y en familia, lejos del incierto camino a al a fama. Además, es menester recalcar que rechazó muchas proposiciones para integrar diferentes agrupaciones musicales, tanto en Buenos Aires como en Córdoba.

Mario A. Medrano ingresó a la Banda de Música de Gendarmería Nacional en el año 1967, con el grado de Cabo músico en comisión, y se retiró en 2002 ostentando el grado de Subof. My. (músico) y con el honor de haber ocupado el cargo de Maestro de Banda, precisamente, en la Banda de la Escuela de Suboficiales de Gendarmería Nacional Cabo Raúl R. Cuello, de Jesús María.

Actualmente, reside en la ciudad de Colonia Caroya, rodeado del cariño de su esposa Nora, sus tres hijos y nietos.

Para completar esta semblanza, tengo que recordar que Mario fue corneta oficial del Festival Nacional de Doma y Folklore de Jesús María desde 1971 hasta 1996.

En épocas de la dictadura militar y cuando los generales movían sus bandas a los diferentes puntos del país, en Córdoba, los Inspectores y Maestros de Bandas , en momento de ejecutar la famosa “Retreta del Desierto”, entre tantos cornetas y clarines siempre elegían al trompeta de Gendarmería Nacional, Mario Medrano.

Antes mencioné a reconocidos trompetistas de dimensión universal, pero sin miedo a pecar de soberbio y antojadizo creo que Mario resultó una síntesis de todos ellos. Poseía un labio privilegiado, llegando a los agudos sin esforzarse, con una técnica envidiable, una potencia sonora que lo convertía en un “todo terreno”, pues su seguridad y particular sonido se ponía de manifiesto tanto al aire libre (con temperaturas bajo cero o a 30ºC) como así también en salones cerrados con la adecuada y necesaria acústica.

El sonido liso, brillante, claro: su increíble digitación, “pizzicato” y respiración desnudaban una técnica que sólo los métodos Arban, Gati y Harry James pueden transmitir. Los trompetistas del mundo saben en qué idioma estoy hablando.

En materia de conciertos y recitales, donde podía desplegar todo su genio y talento, había que ser muy insensible o amargo para no conmoverse o sensibilizarse ante un “solo” de este espectacular trompetista, sobre todo en temas tales como “Una canción en mi corazón”, “La última nieve de Primavera”, “Historia de amor” y tantos otros.

A los que hemos compartido con él tantos años de trabajo y amistad sólo nos queda el honor de decir, y contar a quienes quieran escuchar, que nosotros hemos conocido a uno “de los mejores trompetistas de la República Argentina”.

R.A.S. 23-10-2020

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