Daguerrotipos.

Historias 12 de mayo de 2020
NOTA VII. Fragmentos del libro homónimo, editado en septiembre de 2005 por la Municipalidad de Jesús María y el Ministerio de Gobierno, Coordinación y Políticas Regionales, incluido en el programa "Edición de Historias Populares Cordobesas". Un aporte para conocer más de nuestro pasado y entender el presente.
El Cortijo

“El daguerrotipo fue el primer proceso de fotografía práctica, inventado por el francés Louis Daguerre en 1839. Se trataba de una imagen positiva única (sin negativo), registrada sobre una placa de cobre pulida y plateada, que se emulsionaba con vapores de iodo y se revelaba con mercurio. El daguerrotipo tenía los laterales invertidos, como si nos miráramos en un espejo”.

Casonas, baldíos y ranchos.

Los recuerdos fluyen y la Villa se reconstruye como por arte de magia. Calles, casonas, personajes, costumbres. Todo a pedir de boca. 

Alfredo reflexiona con sabiduría. "Yo la recuerdo de mis vivencias cuando era chico -cinco años, seis años -, era un pueblito muy chiquito. Estaba, en aquel entonces, desarrollado. Con sus calles tal cual es hoy. La traza es exactamente la misma que tenés hoy. ¡Se ve que se hizo esta ciudad con proyección al futuro!". 

Su primer daguerrotipo es claro y contundente: "Era solamente la zona del centro, Los Nogales y, al otro lado del ferrocarril, la calle Italia, la calle España, la Vicente Agüero... (...) La Pedro J. Frías fue una calle que hicieron muy mucho después. Por supuesto, todas las calles eran de tierra en aquel entonces. Viajar a Córdoba era una odisea". 

Caminándola con la imaginación, Don Alfredo Naum cuenta cómo se distribuían las familias y las casas: "Vos te ibas del otro lado de la vía - y señala al Este - y había, inclusive, gente que había comprado casas (...) Venían familias completas, con sus hijas, sus hijos. (...) Y alguna gente de Buenos Aires, y algunas tradicionales familias de Córdoba, que es lo que vivía acá, en Los Nogales, y también en la zona de San Isidro. Se habían instalado varias familias muy tradicionales, digamos, de la sociedad cordobesa de aquel entonces."

" Acá se hicieron, en Los Nogales, unas pocas casas. En la que yo vivo, que fue hecha en 1930, El Cortijo. Y se hicieron, anteriormente, la casita esta de los Sres. Cabrera, que es una familia tradicional de Córdoba. Acá, en la otra esquina, hay otra familia que era tradicionalmente de Rosario, no recuerdo el apellido. Todos, todos los años, venían a pasar a Jesús María a pasar el verano".

Su recorrido en el tiempo lo lleva a la casa del Dr. Correa, uno de los primeros odontólogos de la zona y otro de los que habían elegido Los Nogales para vivir.

"También hay una casa sobre la calle La Toma, que es bastante antigua; tal vez haya sido hecha antes que El Cortijo", agrega Alfredo.

Presuroso, aclara que, "de todos modos, las casas en esa zona no eran muchas, porque el que menos tenía contaba con una hectárea de terreno. La mayoría tenía dos o tres y, por ejemplo El Cortijo, tiene nueve hectáreas. Inclusive el actual Camping Los Nogales era parte integrante de El Cortijo. Era un lugar privado de Don Vicente Agüero, por donde él solía pasear hasta el río; por eso lo habían parquizado todo".

Agüero representaba a una clase adinerada de Argentina, tenía campos en la zona de Río Cuarto, en Las Acequias, en La Pampa y era dueño de dos ingenios en Tucumán. Pero su enorme condición humana lo proyecta en la historia como un verdadero filántropo, cuya capacidad de acción en bien de la comunidad, ha dejado en la zona sobradas pruebas.  

Inmediatamente después de terminar El Cortijo empezó a hacer el Hospital.  Años más tarde, le regaló a los colonos friulanos de Sandurí las tierras de lo es Colonia Vicente Agüero, al Este de Colonia Caroya. 

En 1927, había hecho construir las Salas para Hombres y Mujeres del Hospital que hoy lleva su nombre. En 1929, el Hospital se amplió al construirse  la Maternidad.

Un año más tarde murió, y su viuda encargó a Juan Kronfus la construcción de la bellísima Capilla de Ntra. Sra. de la Misericordia, vecina al Hospital, en memoria de su difunto esposo.

La esposa de Agüero conocía a Kronfus desde hacía tiempo porque Don Vicente le había pedido que diseñara su casa de Barrio Los Nogales.

Ingeniero con formación estética graduado en Baviera, había arribado a la Argentina en 1910. Alto, fornido, de rubia cabellera y faz clara y amplia, con grandes ojos de búsqueda, tenía por entonces 32 años.

Había nacido el 19 de julio de 1872 en Budapest. Luego se radicó en Münich, desde donde viajó a Buenos Aires para dirigir la construcción de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de esa ciudad, tras ganar un concurso de proyectos.

Kronfus nunca pudo realizar ese edificio, pero el Gobierno le encargó varios trabajos, entre ellos, la remodelación de la fachada de la Universidad Nacional de Córdoba, en 1916.

Ese fue su primer contacto con la Docta, de la que era un enamorado. Admirador de su arquitectura colonial, la estudió centímetro a centímetro y - aunque viajó por toda la Argentina - siempre volvía a Córdoba.

Acerca de El Cortijo, la familia Naum posee un ejemplar de la Revista de Arquitectura cuya fecha, desgraciadamente, no puede leerse. Allí se comenta: 

"Se puede afirmar que en las Sierras de Córdoba, para las construcciones que se realizan, se ha adoptado el estilo colonial en las líneas principales del proyecto, abandonando algunos detalles que ya no corresponden a las exigencias modernas. El renacimiento del estilo colonial es caracterizado por una planta y distribución moderna y cómoda, con comunicación interior entre las piezas y entre las dependencias, que faltaba en las casas coloniales... que había que cruzar en días fríos y lluviosos".

En referencia a Agüero, agrega: "El propietario con su distinguida se-ñora no querían poner una nota de extraña arquitectura en las Sierras de Córdoba y en especial en Jesús María, donde la cultura colonial cuenta con un monumento característico de la época como es la Iglesia de San Isidro. Las familias de antigua cultura van a defender siempre su suelo contra la invasión de formas arquitectónicas mal elegidas y aplicadas fuera de lugar. No van a negar las ideas y condiciones de la vida moderna, pero tampoco van a abandonar lo que caracterizaba y adornaba la vida de sus antepasados.

Un arte que ha nacido en su propio suelo no se abandona por puro capricho de la moda, sino que lleva consigo, exigiendo del arquitecto o del ingeniero que amolde las exigencias modernas a las formas nacidas en el suelo de los antepasados".

Terminada esta espiritual introducción, la revista pasea por El Cortijo. "En cuanto a los detalles interiores, había que recurrir a las fuentes del estilo colonial, al arte español. Es sabido que en la Argentina no podían desarrollarse las artes industriales, como son la fabricación de mayólicas artísticas, con las cuales se han revestido las casas españolas. Por tal razón los propietarios han buscado en Sevilla las mayólicas que adornan ahora las paredes del patio y las chimeneas del living-room".

Para ponerle ladrillos al dibujo de Kronfus, la viuda de Vicente A-güero contrató la mano de obra de la constructora Tauro, que también hizo en esos años la Capilla de la actual calle España.

"Jesús María tuvo la suerte de que llegó una de las colectividades grandes que hubo acá, la italiana, entre los cuales vinieron muchos artesanos... Verdaderos artesanos. Tal es así,  que para hacer El Cortijo, la carpintería no hubo que encargarla en Córdoba. La hizo esta gente, Coraza, que eran carpinteros de lujo, realmente de lujo. Y en cuanto a la construcción, también vinieron grandes constructores. Tauro, por ejemplo, que también fueron fundadores de la Sociedad Italiana", reflexiona Alfredo.

Aunque Vicente Agüero y su señora no tuvieron hijos, su sucesión quedó en manos de sobrinos de la esposa de Agüero. Ellos le donaron las dos hectáreas del actual Camping a la Dirección Nacional de Hidráulica, de quien pasó a la Municipalidad; y le vendieron El Cortijo, en 1969, a Alfredo Naum.

"Allá por los años 30, fijáte qué coincidencia, yo ví construir esta casa, desde los comienzos. Y todos los días que pasábamos la veía crecer y, siendo un niño, qué me iba a imaginar que el día de mañana sería mi casa. Era, realmente, la admiración cuando se finalizó. La admiración de toda la Villa".

Siguiendo con la descripción de entonces, comenta que en toda la zona del actual balneario el agua brotaba naturalmente. Por eso, le llamaban Las Vertientes.

Reconstruyendo esos daguerrotipos, rememora con nostalgia una hermosa casona que había en cercanías del actual ingreso al Camping Los Nogales, con diez habitaciones, donde "funcionó un tiempo una especie de pensión para tuberculosos. Venía gente de Buenos Aires, de todos lados, porque era famoso Jesús María".

Alfredo se transforma cuando habla de esa vivienda, con galerías en todo el perímetro. "¡Una belleza! Tenía, no te exagero, un living central y de allí se entraba a todas las habitaciones, se iba a la cocina, se iba a todos lados".

También estaba en su propiedad, y a los pocos años de comprarla - como estaba en estado ruinoso y eran tiempos en los que las usurpaciones eran comunes - decidió demolerla.

Su arrepentimiento por haberlo hecho es infinito, tanto como fue la impotencia ante la encrucijada de aquellos días en que debía tomar una determinación y carecía del dinero necesario para repararla. 

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