Daguerrotipos.

Historias 10 de mayo de 2020
NOTA V. Fragmentos del libro homónimo, editado en septiembre de 2005 por la Municipalidad de Jesús María y el Ministerio de Gobierno, Coordinación y Políticas Regionales, incluido en el programa "Edición de Historias Populares Cordobesas". Un aporte para conocer más de nuestro pasado y entender el presente.
Calle Cástulo Peña

“El daguerrotipo fue el primer proceso de fotografía práctica, inventado por el francés Louis Daguerre en 1839. Se trataba de una imagen positiva única (sin negativo), registrada sobre una placa de cobre pulida y plateada, que se emulsionaba con vapores de iodo y se revelaba con mercurio. El daguerrotipo tenía los laterales invertidos, como si nos miráramos en un espejo”.

... Vamos a la plaza, que hay mucho que ver...

Con este fragmento de la vieja canción es fácil transportarse a la Plaza San Martín que siempre fue el centro de la ciudad, seguramente por su ubicación, a las espaldas del andén de la Estación del Ferrocarril.

Siempre fue sitio a cuyo alrededor palpitó la vida económica, inevitable lugar de reunión, de entretenimiento y, claro está, cuna de romances juveniles.

Y, como ahora, estaba dividida en dos partes. Toda una curiosidad de diseño urbano para la plaza principal de un pueblo.

Don Artico la describe: "Estaba muy bien cuidada la plaza. Era muy linda. Había un placero que se llamaba Urbinatti, que era casero a la vez  de una Villa Tarrio".

Un eco de voces enuncia el nombre prendido en el gesto que asienta la nostalgia. El placero y la plaza... la recuerdan como recuperando el territorio de la juventud. 

"Usted se ve muy pichona pero se acuerda de las mismas cosas que yo", le dice Chicho a Elena.

 "Yo me acuerdo de los comentarios de las chicas cuando usted venía con el uniforme...", replica Paula, desde el otro extremo de la mesa. 

Es que Chicho se fue de Jesús María casi adolescente, buscando cumplir su sueño de piloto de aviones. En la memoria no faltan la gracia y la picardía. Como en la plaza de esos años 20.

En la mitad Norte, "daban la vuelta del perro las chicas".

"No era vuelta" - afirma Chicho, cuya familia vivía frente a la plaza y a la Estación - sino "ida y vuelta", ya que el paseo se hacía sólo sobre la actual calle Colón.

"Había un ligustrín alto, de un metro y medio, más o menos". Un elevado y prolijo cerco. En él se apoyaban los muchachos predispuestos al cortejo.

Los "lances" no pasaban de un "¿Qué tal?", un "Buenas tardes", un "Buenos días".

Ágiles, Elena y Paula entrecruzan sus miradas atentas y sonríen. Cómplice del momento, acota Elena con su imponderable gracia: "¡Piropeaban también!".

Sintiéndose en evidencia, él intenta la defensa con la aprobación de Andrés que ríe talvez, entre sus recuerdos.

"- Yyyy... Una inclinación de cabeza, algún guiño, por ahí... Si es que vamos a salir a bailar... o lo que fuere".

La elección de la primera cuadra de la calle San Martín para presumir y ejercer la galantería respondía a que también en esa zona de la Villa había una arboleda de plátanos y, como sobre la calle San Martín había hoteles y mucho movimiento de gente, los gorriones no podían dormir... y se iban del otro lado, a la calle Córdoba.

"- Como no tenían baño privado acá, lo tenían del otro lado. Por eso las chicas paseaban siempre en el mismo lado" explica con sonriente elegancia Don Chicho.

Elena es más explícita, con franca intención pícara en su voz:

"- Los medallones...", dice haciendo señas con sus manos.

Paula aprueba con su voz tan dulce, ríe quedo el Maestro Roya y Don Bravo acompaña la alegría.

La vuelta del perro de las chicas se interrumpía al grito de "¡Llega El Directo!" cuentan los hombres, como detenidos en el instante, en la fugacidad de celos o sorpresa que creaba "El Directo".

"Ocurría un fenómeno muy lindo, los domingos, y los sábados también..." - memora Ártico - "Todas desaparecían como por encanto de la plaza y se iban al andén de la Estación".

¿A qué iban? Y parece contestar a la pregunta: "A las ocho de la noche pasaba El Directo, que era un tren que iba de Retiro a Tucumán, a Salta, por allá iba".

- "Era una algarabía..." - Elena.

- "Una pequeña fiesta..." - Paula.

- "A todos nos gustaba mirar" - Bravo - "la locomotora, el movimiento..."

- "Hacía un alto bastante prolongado", sigue narrando Artico, "media hora, cuarenta minutos, porque se cargaba mucha fruta".

"Mucha fruta", afirman las otras voces, "de la Colonia se cargaba mucha fruta para el Norte".

- "Aparte de eso, era la locomotora a vapor, tenía que hacer agua".

Las locomotoras de la época eran a vapor y lo generaban calentando un depósito de agua que era casi toda la máquina. Cada Estación tenía bombas que abastecían el líquido. Esto se llamaba "hacer agua".

La espera entretanto, animaba voces, cruzaba miradas. Tal vez un gesto inconcluso entre desconocidos que se permitían soñar por un instante. Mientras los chiquillos correteaban, los vendedores ofrecían a voces las golosinas caseras, la fruta seca, y se desplegaban canastos protegidos por impecables lienzos. Rondaba la vida en el andén. El agua gorgoteaba, el vapor adquiría fuerza. Jesús María latía en la Estación.

"Y las chicas hablaban con los pasajeros, pero para pasar el rato nada más, porque a la media hora se iba el tren y se acababa el asunto. De ahí, ya volvían cerca de las nueve. Si era sábado, ya era hora de ir a descansar, porque a las nueve y media había que ir al baile, entonces tenían que comer, ponerse lindas... Bueno, siempre estaban lindas, ¿no?, pero se ponían más lindas para ir al baile. Todavía".

Chicho sigue: "El baile comenzaba a las diez y terminaba a la una. El que era muy garufa, ¡muy garufa!, a la una y media... dos".

"También se llenaba el andén cuando venía el coche..." - agrega el Maestro Roya - "el tren de pasajeros de Alta Córdoba a Jesús María". Arribaba a las 19 y volvía a salir a la mañana siguiente. La locomotora era colocada en una enorme rueda horizontal, como la base de una calesita, que estaba emplazada donde ahora es el Parque Infantil Gral. San Martín y, como sobre el plato de un tocadiscos, era girada para que quedara nuevamente mirando al Sur.

¡Tantas cosas han cambiado! La Plaza San Martín no era sólo el escenario del cruce de miradas de los solteros o de la espera curiosa del tren.

"En el centro de la plaza había un círculo grande, más o menos de diez metros de diámetro, de cemento. Ahí venía la Banda de la Colonia (Caroya), dirigida por el Maestro Pascual Pérez", suelta la memoria de Artico y hace mover la cabeza del resto en gesto afirmativo.

La rutina de escuchar su música era interrumpida todos los años cuando llegaban a la Villa los Oficiales de Reserva del Regimiento 13 de Infantería, que hacía maniobras en el campo El Salitre, vecino a la actual Escuela de Suboficiales de Gendarmería Nacional "Cabo Raúl R. Cuello". 

La variante era esperada todos los veranos, cuando su Banda también tocaba en el centro musical de la Villa, con fecha fija: "Más o menos en noviembre... siempre por ahí".

Don Elvio Roya deja el romanticismo y tira sobre la mesa la pasión masculina: el fútbol. Frente al actual mástil había un kiosco redondo, alto, de estilo francés, que había instalado la familia Aznar. En él tenía lugar una reunión nerviosa alrededor de otro de los aparatos mágicos de entonces: la radio.

Don Aznar tenía una "valvular", de esas que empezaban a sonar cuando la electricidad calentaba sus lámparas. Esa radio era el único medio para imaginar, a través de los relatos recargados de adjetivos, lo que ocurría en las canchas de Buenos Aires y, a veces, del mundo. Las voces de los relatores temblaban en la ronda de los "radioescucha" que amaban un deporte que, todavía, tenía el lujo del baldío, del club de pueblo y la nobleza de la camiseta sin  pasaporte a la banalidad..

Del mismo modo que hoy se siguen los partidos de fútbol y las peleas de box a través de los satélites, en ese entonces se hacía por radio.

Para Don Aznar, la radio era una oportunidad de negocio, una inversión que recuperó con lo que le cobraba a los muchachos de Jesús María y de Colonia Caroya para escuchar algún River - Boca... en el centro de la Plaza San Martín.

Rodeando la visitada Plaza, que desde entonces se llama solemnemente "el centro", estaban los hoteles y algunos de los comercios más prósperos, el cine, un baldío en el que plantaban su carpa los circos, y el edificio de la Municipalidad.

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