
El Parque del Oeste y la desidia de siempre.

Jesús María. Domingo a la tarde. Abelardo Lacherre caminaba con sus hijos por la reserva natural Parque del Oeste cuando cruzó unos diez scouts que talaban espinillos esgrimiendo el argumento de que limpiaban el predio “para que los chicos no se lastimen”.
Lacherre, uno de los generadores del proyecto Parque del Oeste, le explicó al adulto responsable del grupo que estaba haciendo algo ilegal, ya que la Ley Provincial de Bosques prohíbe talar y desmontar flora autóctona como ésa.
Lacherre asegura que la discusión termino en nada y que fue “una pelea de pobres”: “No me interesa escrachar al scoutismo porque es una actividad que respeto y valoro y, aunque estemos en posiciones antípodas, ambos estamos aquí un domingo, gratis, haciendo voluntarismo”.
Lo que evidencia el hecho es el desinterés municipal por el extenso predio, que requiere cuidado y planificación. Relata: “Hace años que reclamamos un plan de gestión; sin embargo, nunca destinaron personal para cuidar a las especies y a los visitantes. Les falta voluntad y trabajo”.
El proyecto de creación de la Reserva fue propuesto en 2011, pero retomado en 2014 con el gobierno de Gabriel Frizza. Desde entonces, los miembros generadores del proyecto aseguran que los políticos tomaron el proyecto sólo por convención política: ser un municipio saludable queda bien.
Lacherre lamenta que ninguno de los funcionarios conozca el Parque en profundidad porque sólo caminaron pocos metros, se sacaron la foto y se fueron. “No se puede querer algo que no se conoce”, sentencia.
El plan que no fue.
Lacherre explica que el pedido eterno que le hicieron al municipio es la creación de un organismo de gestión compuesto por varios miembros, como el Secretario de Ambiente, los scouts, vecinos y estudiantes. Su función sería el diseño del manejo del predio. “Administrar 100 Has no es sencillo, aquí hay de todo: flora autóctona, nativa, invasiva, 110 especies de aves, zonas abiertas al público y otras restringidas; y para gestionarlas se necesita un plan que delimite zonas para scouts, otras para reforestar, otras para tomar mate”, puntualiza.
Como ejemplo de lo que no se hace bien, recuerda la jornada en la que plantaron 70 especies autóctonas. La mitad de ellas fueron comidas por caballos y las restantes fueron matadas por empleados municipales que, por desconocimiento, cortaron el pasto y con él a los nuevos árboles.
La suma de sucesos como estos impulsó su decisión de apartarse del tema, luego de años de lucha. “Hay esfuerzos sueltos que no sirven sin la voluntad del municipio”, concluyó.
29-03-2019


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