Todos contra los boliches festivaleros.

Seguridad 20 de enero de 2017
Las quejas de vecinos y visitantes se multiplicaron por la inseguridad detrás del anfiteatro. El intendente Gabriel Frizza anunció que estudian no autorizar estos emprendimientos en 2018.
Guardia de Infantería

Jesús María. El intendente Gabriel Frizza anunció que estudian no autorizar la habilitación de boliches durante las noches del Festival 2018.


El tema ha generado preocupación en el Gabinete debido a la cantidad de quejas recibidas por lo ocurrido adentro y, especialmente, afuera del anfiteatro José Hernández.


Corridas, peleas y enfrentamientos con la Policía fueron escenas comunes en las 12 jornadas, sobre todo a la madrugada.


El corredor de la calle Abel Figueroa, donde estaban la Peña María Bonita y la Carpa Sala del Rey y el ingreso de quienes entraban a La Terraza del Festival, movilizó a miles de jóvenes, muchos de ellos en estado de ebriedad.


“Es complejo el tema de la seguridad; hay situaciones que estuvieron a la vista de todos; cuando hay 30 mil personas, ¿cómo controlas la venta de alcohol? Hubo peleas que nos han preocupado, pero es una cuestión de educación, no de represión”, dijo el Intendente.


El miércoles, un día antes que empiece el festival, hubo una batalla campal atrás del anfiteatro y no actuó ningún policía.


De hecho, el operativo especial de la fuerza de seguridad provincial empezaba al día siguiente y, aunque no se dijo, hubo menos efectivos que en años anteriores.


La batahola se repitió el fin de semana entre quienes salían de la Carpa Sala del Rey, organizador exclusivo de bailes de cuarteto, y los que se retiraban del boliche interno que tenía el Festival, por primera vez.


Al día siguiente, la Policía decidió que cada espacio termine en horarios diferentes y no se crucen sus públicos, como si se tratara de barrabravas de clubes enemigos.


Pero en las inmediaciones del anfiteatro seguía siendo un caos. Es que, quizá, se responsabilice a los boliches, pero un gran problema fue permitir tantos bares con música que concentraban a los jóvenes en la misma calle. Muchos no necesitaban entrar a un boliche para tomar y escuchar música.


Violencia en todas partes.
Adentro del anfiteatro no hubo problemas hasta que fue agredido un joven por un policía que estaba de civil y fue pasado a situación pasiva hasta que se investigue el caso.


En la noche extra, hubo adolescentes y niños lastimados por los vidrios de las botellas que volaban por el aire, entre la multitud que fue el lunes.


La comisión directiva anunció que habrá fuertes sanciones a los puesteros y vendedores que vendían alcohol en botellas de vidrio, pero la situación fue muy repudia- da por la comunidad.


Esa misma madrugada, en el Hospital Referente de Area Vicente Agüero se cruzaron dos bandas de jóvenes oriundos de Deán Funes.

La Terminal de Ómnibus fue otro sector de peleas y corridas.


Las familias, acostumbradas a recorrer los puestos de los aledaños del predio de la fiesta, empezaron a sentir miedo y a usar las redes sociales para pedir más seguridad.


La Unidad Regional Departamental Colón no envió partes de prensa durante el Festival, por lo que se desconocen los resultados diarios de los operativos. ¿Hubo detenidos? Una sola información consignaba de 10 presos por escándalo en la vía pública.


Una desgracia con suerte fue la embestida de un automovilista contra el público, que dejó cinco heridos leves pero pudo provocar una masacre. La gente que vio el hecho quería lincharlo y lo salvó la Policía.


La violencia no fue patrimonio de pandillas de determinados barrios. De hecho, en una pelea participaron como 20 rugbiers.


Al término de la fiesta, Gabriel Frizza, fue contundente: “Si me preguntas ahora, en caliente, no debería haber más boliches bailables. Hay que volver al formato de peñas, que terminen cuando finaliza el Festival. Lo analizaremos seriamente para el año que viene. Podría ser que eliminemos los boliches, fuera y dentro, para todos igual”.

20-01-2017

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