Jesús María tiene el primer bar modelo en la gestión de residuos.

Urbanismo 20 de septiembre de 2019 Por
Los dueños de “Club” lograron concretar un ambicioso proyecto gastronómico amigable con el ambiente. La reducción, reutilización y reciclado de desechos forman parte de la rutina del local.
Club

Jesús María. El sueño de abrir un bar propio y el compromiso con la sustentabilidad unieron a dos hermanos que no dejaron pasar la oportunidad y lograron desarrollar un emprendimiento gastronómico amigable con el medio ambiente.

Federico y Franco Longhini son los creadores de “Club”, un nuevo espacio -está en Tucumán y John Kennedy- que no sólo fue pensado como un punto de encuentro y diversión entre amigos o en familia, ya que estos dos jóvenes decidieron apostar por más y optaron por una propuesta distintiva que implique la implementación de buenas prácticas ambientales.

“Este proyecto fue una verdadera locura porque no imaginábamos la envergadura de lo que significaba abrir un bar; fue un desafío”, confesó Federico, en una entrevista con El Despertador.

“Lo más lindo de este período de construcción fue la unión con nuestros amigos y con la familia, porque todo se hizo a pulmón; fue hermoso ver a tanta gente ayudando desinteresadamente”, manifestó.

Contó también que la planificación del tipo de bar que querían lograr fue el resultado de un proceso de construcción colectiva, donde muchas personas aportaron sus ideas.

Con formación en Agronomía y con especialización en Sustentabilidad tras un año de intercambio en Francia, Federico es quien propuso aplicar acciones que representen un beneficio para el planeta y las futuras generaciones.

La iniciativa que empezó a gestarse en abril hoy es una realidad.

Bar sustentable.
Basándose en criterios y recomendaciones que plantea la Guía de Buenas Prácticas Ambientales para bares y restaurantes de la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación, los propietarios de “Club” decidieron apostar por la reducción, reutilización y separación de los residuos.

Para esto, plantearon un esquema de trabajo que implicó la capacitación de todo el personal.

En la cocina colocaron varios cestos para lograr la eficiencia en la separación en origen.

Según explicó Federico, en ese sector del bar se discriminan los residuos reciclables limpios (botellas de vidrio, plástico, cartón, aluminio, entre otros) y luego son transportados a una planta recicladora de Colonia Caroya.

También utilizan algunas botellas de vidrio para convertirlas en vasos o en recipientes para el propio bar.

En otro tacho acumulan los restos reciclables que están sucios y después son comprimidos y utilizados para hacer ecoladrillos con botellas plásticas. “La idea es donárselos a una asociación de la ciudad de Córdoba”, anticipó.

Por otra parte, juntan los desechos no reciclables húmedos, por ejemplo, las cáscaras de frutas y verduras,con los que se hacen compost. Este emprendimiento se lleva a cabo en la terraza del bar.

En tanto, en otro cesto se depositan los residuos húmedos que no se reutilizan y tienen como único destino el basural de la Municipalidad.

Paralelamente, el aceite que se emplea para preparar las comidas se acumula y luego se lo entregan a un joven caroyense que utiliza este alimento para generar biocombustible.

Los mozos también tienen su función en la separación: se encargan de juntar las botellas de vidrio y de plástico que se consumen cada noche.

Esta experiencia demuestra que si hay compromiso, las buenas prácticas ambientales son posibles. Para Federico, es fundamental tomar consciencia de que “los residuos tienen valor”.

Para ejemplificar, contó que el primer sábado de apertura del local lograron juntar 85 Kg de vidrio para reciclaje y resaltó que el principal desafío es reducir los volúmenes de residuos que generan.

Si hay más, mejor.
Con la intención de alentar a otros locales gastronómicos a replicar este tipo de iniciativas sustentables, destacó que no hace falta dinero, pero se requiere “tiempo, responsabilidad y constancia”.

“Hay que pensar, sobre todo, en qué estamos haciendo como seres humanos y qué se puede hacer para evitar dejarle un daño más grande a las próximas generaciones; mi anhelo, tanto para el ámbito público como privado, es que no tomen al medio ambiente como algo aislado”, reflexionó.

“Bar- escuela”.
El joven emprendedor definió al negocio como un “bar-escuela”, cuyos tres pilares fundamentales son: lugar de encuentro, amistad y sustentabilidad. Es decir, “tranquilamente, podemos ir a un bar, divertirnos y pasarla bien con amigos o en familia y, a la vez, ser sustentables”, subrayó.

Otras acciones.
Además de la gestión de residuos, los hermanos Longhini decidieron implementar y planificar otras acciones complementarias que también representan un beneficio para el medio ambiente.

Una de ellas es la entrega gratuita de agua mineral. A través del lema “Tomar agua dará vida, pero tomar consciencia nos dará agua”, el objetivo es concientizar sobre la importancia de consumir este recurso vital y elemental para la salud humana.

Otro pequeño gesto fue, en la noche inaugural del local, la plantación de un árbol en la vereda, al que bautizaron como “Clubcito”. A mediano plazo, la intención es llenar de plantas el interior del local.

Además, tienen un proyecto pensado que busca incentivar a los clientes a que utilicen la bicicleta para ir al bar. La iniciativa ya tiene nombre y se llama “El Bicicletero”.

Aunque todavía no se está aplicando, ésta es una de las tantas propuestas que giran en la cabeza de estos jóvenes con espíritu emprendedor, ambición y responsabilidad social.

20-09-2019

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