A los 105 años, falleció la persona más longeva de Colonia Caroya.

Sociedad 27 de julio de 2018
María Angélica Monge de Almada vivió el tramo final de su vida en una casa de Av. San Martín, aunque siempre estuvo en el campo. Cuando cumplió 100 años, la entrevistamos y nos contó detalles de su vida.
María Monge de Almada

Colonia Caroya. María Angélica Monge de Almada, la persona más longeva de la ciudad,  falleció este miércoles a la edad de 105 años.

Vivió los 25 años finales de su vida en su casa de Av. San Martín al 4200.

En los últimos cumpleaños recibió el afecto de sus vecinos y cuando llegó al siglo, en 2013, El Despertador la entrevistó.

Nació el 22 de octubre de 1912 y casi toda su historia estuvo vinculada a la vida de campo, en Nintes.

Vivía con su hijo Luis, el mayor de los siete varones que tuvo.

“Luis, Jacinto Marcelo, Mario Antonio, Domingo, Matías Joaquín, Pacacio Lucio y Juan Domingo; todos son gordos y sanos como yo”, decía cuando los nombraba.

El séptimo, como corresponde, tuvo como padrino al Presidente de la Nación de entonces,  Juan Domingo Perón.

Se crió y trabajó en el campo hasta que su esposo decidió vivir en la Colonia para estar cerca de los centros de atención médica.

Recordaba: “Cuando era joven, acá llevaba los postes para cerrar potrerillos -mientras se golpeaba el hombro-, le  ayudaba a mi marido y ordeñábamos las vacas a las 5 de la mañana, pero tenía que estar corriendo a ver a los chicos, que nos les pase nada. La he trabajado mucho. He hecho el capital a fuerza de trabajo. No teníamos nada de nada”.

La longevidad no es casual en su descendencia: su madre también vivió más de un siglo.

María tenía una lucidez mental envidiable y hasta los médicos que la controlaban se sorprendían de su estado de salud.

Aún pasados los 100 años, los estudios que se hacía daban cuenta que tenía el funcionamiento biológico de una persona de 60 años y solamente le daban una pastilla para la tensión y otra para dormir.

Con su tonada campesina inconfundible, decía con el siglo encima: “Soy capaz de trabajar todavía, si no que me fallan las rodillas y uso el caminador”.

En su casa, sin moverse demasiado, pasaba horas viendo televisión. Le gustaban Los Simpsons y el Chavo del Ocho.

“Gracias a Dios soy muy feliz, no me faltó nunca nada para darle a mis hijos. Vea una cosa: la madre es para los hijos y los hijos no son para los padres. Yo quiero vivir para ver a mis  hijos. Uno siempre quiere vivir más, pero eso está en Dios. Yo estoy tranquila”, nos dijo hace cinco años.

27-07-2018