Lo bueno,  lo malo, lo feo del Festival.

FESTIVAL 19 de enero de 2018
Terminada la fiesta gaucha, hacemos un balance general a partir de nuestras propias coberturas y los comentarios recibidos de nuestros lectores.
Anfiteatro lleno

La gente. Con o sin dinero a disposición, el público festivalero le hizo el aguante a Jesús María hasta bajo la lluvia y a pesar del recambio de la grilla artística por la ausencia de Los Manseros Santiagueños. Las casi 150 mil entradas vendidas permiten cubrir costos. Abel Pintos sigue siendo el más taquillero.

La seguridad. Con menos locales bailables alrededor del anfiteatro José Hernández, el despliegue fue más efectivo. Si bien hubo robos menores y algunas riñas, no se dio el descontrol del año pasado y a las 3 eran obligados a cerrar los que sólo vendían bebidas.

La limpieza. A las 6 de la mañana de cada día, todo el sector adyacente al anfiteatro José Hernández quedaba impecable. Fue un gran trabajo de la cuadrilla municipal.

Los precios internos. Quienes entraron al anfiteatro destacaron que no hubo abuso en los precios de la gastronomía. Inclusive, algunos productos estaban más baratos que en los locales que funcionan todo el año. 

Show de láser. Si bien costó encontrarle el sentido al mensaje, el Festival innovó reemplazando fuegos artificiales por un espectáculo sin estruendos. Fue el mejor ejemplo de adhesión a la ordenanza local de prohibición de pirotecnia. Pero quedó lejos de las expectativas previas.

El ablande de Carnaval. Por primera vez, se pudo ofrecer un espectáculo de gran nivel, y gratuito, para los turistas y los habitantes de la zona. Fue en el predio de Doña Pipa, con Los Tekis.

Los vasos. Innovación total: vasos de plástico reciclado a 10 pesos. Un lindo recuerdo y una forma de no generar residuos.

La reubicación de los puestos externos. La distribución de los “kioscos de la Doma” fue aceptada por la mayoría de los visitantes. Cabe recordar que se agruparon a los gastronómicos por un lado y a los de venta de ropa por otro. 

El sonido. La nueva ubicación de la cabina de sonido provocó serios desajustes que se notaron en el anfiteatro. Los vecinos de la ciudad notaron que este año el sonido estaba muy fuerte.

Algunos puesteros se enojaron con la distribución comercial. Son los que terminaron ubicados en la calle Abel Figueroa, del lado del río, entre el Skate Park y el salón Costa Madero del Club Alianza. Este año, El movimiento de gente en ese sector fue escaso.

Menores alcoholizados en la noche extra. Lamentablemente, varios adolescentes estaban en muy mal estado el día del cierre. Dentro del predio se vendían bebidas blancas. Algunos conocidos debieron llamar a sus padres para que los busquen.

El área de prensa. Por más que hayan contratado a una profesional como asesora, en la oficina de prensa solo se entregaban fotocopias. Todo se manejó por grupos de Whatsapp donde la mayoría de las preguntas de los periodistas no fueron respondidas. Las entrevistas exclusivas eran habitualmente para medios de Córdoba. Los puntajes de la jineteada se cargaban con mucho retraso en la web oficial. Varios anuncios se conocieron primero por publicaciones de integrantes de la Comisión, en Instagram, que por los canales oficiales de comunicación. Por segundo año, no hay datos de los tickets vendidos por conservadoras. Poco se ha mejorado en tres años.

19-01-2018

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